Señor Juez, investigue usted mi muerte y declarese culpable.
Encontrarà dinero en mis arcas, mercurio en mis venas y sangre bajo mis uñas, y aunque yo le pida que entregue este dinero al ser mas pobre de la tierra, usted en nombre de la justicia lo atesorarà en el altar de los hijos de los ricos.
Y recuerde que no fué la industria quien envenenó nuestra comida con mercurio, sino su justicia quien lo permitió con indolente silencio.
Y le advierto, aunque usted ya sabe de quien es esa sangre, que los que murieron por mi felicidad, ahora mueren injustamente por la suya.
Señor juez, juzgue usted su vida y declarese culpable
Recuerde que despertó esta mañana malgastando energia y despreciando la luz del alba. Imagine cuantos sedientos sufrieron mientras estuvo en el baño lavando sentencias.
Observe los ojos que pasan por los juzgados, los que lloran y los que hacen llorar.
Señor juez juzgue usted mi muerte y declarese culpable.
No fue dios ni el hambre ni el cancer lo que me mató si no el hombre que imperte justicia.
No morí de amor si no de verguenza, y no me dolió la muerte si no la vida.
No fui yo quien negó el derecho a morir dignamente a los que dignamente no pudieron vivir.
Al señor juez.
